El destino del Titanic estaba escrito

8 de Octubre del 2006


El hundimiento del Titanic no es un caso único ni es el naufragio más grande desde 1912, por ejemplo el 31 de enero de 1945 el trasatlántico alemán Wilhelm Gustloff fue torpedeado por un submarino soviético, el S-13, hundiéndose en una hora y pereciendo 7000 personas. ¿Por qué el Titanic sigue despertando tanta fascinación aun en nuestros días, casi un siglo después?.

Puede que uno de los motivos sea que el Titanic fue construido como una torre de Babel, siendo el barco más lujoso fabricado hasta entonces y que se hundió como tal, poco después de erigirse en su primer viaje, desafiando a la naturaleza y a los dioses. Embarcar en él se había convertido en todo un acto social y en la lista de pasajeros estaba la flor y nata de la sociedad británica y estadounidense, los más poderosos, pequeñas torres de babel que también caerían. Entre sus víctimas, John Jacob Astor, el hombre más rico del mundo en su época, Benjamin Guggenheim, conocido como el “rey del cobre”, Charles Hayes el “rey de los ferrocarriles”, Isidor Strauss, propietario de los mayores almacenes neoyorquinos y el millonario español Victor Peñasco. Todos ellos sellaron su destino al comprar el billete a su propia tumba.

Me fascina la fatalidad del viaje a la perdición, la cita con el destino inexorable. En las estrellas estaba escrito que aquel barco no iba a durar y que se llevaría a la tumba a cualquiera que osase a subir en él.

…los malos augurios sobre el Titanic se remontan a 1898…Los malos augurios sobre el Titanic se remontan a mucho antes de su construcción, a 1898 cuando Morgan Robertson escribió su novela “Futility” en la que se describe el hundimiento de un trasatlántico llamado “Titan”, casi identico al Titanic, tras colisionar con un iceberg.

La palma se la lleva W.T. Stead, autor de la novela “How the Mail Steamer Went Down in Mid-Atlantic, by a Survivor” de 1892. Stead había tenido numerosas premoniciones sobre el hundimiento de un barco en circunstancias similares de falta de botes salvavidas para todo el pasaje. A pesar de ello, reservó un billete en el Titanic y se hundió en el, tranquilamente leyendo un libro en la sala de fumadores de primera clase aguardando su final.

A causa de premoniciones otros viajeros cancelaron su viaje a la perdición en el Titanic; el segundo ingeniero Colin MacDonald rechazó su puesto por un mal presentimiento, así como los pasajeros de primera J.P. Morgan y G.W. Vanderbilt. J.P. Morgan era ni más ni menos que el dueño de la White Star Line entre otros negocios, compañía propietaria del Titanic y tenía camarote privado con mirador particular en el barco. Aun así, tuvo el mal presentimiento y canceló su billete en el último minuto. Lo mismo hizo, George Washington Vanderbilt II, un millonario que también canceló su pasaje a última hora, según publicaron los periódicos de la época, a causa de una premoción de alguien de su familia, probablemente de su hermana. Aun así, era demasiado tarde para descargar su equipaje, que viajó en el Titanic junto a un empleado, pereciendo ambos en el hundimiento.

El desarrollo de los acontecimientos tras zarpar desde Queenstown, el 11 de abril de 1912, parecen confirmar la inexorabilidad del destino. Poco antes de la colisión, se habían recibido varios avisos de avistamientos de icebergs por la zona que navegaba. Uno de ellos a las 7:30 de la tarde proviniente de un barco cercano, el SS Californian. A pesar de ello el capitán Smith ordenó potencia máxima, 22 nudos, ¿tal vez pretendía alejarse lo más rápido posible del peligro?.

Ilustración del hundimiento

A las 10:30, el SS Californian, había parado maquinas para pasar la noche debido a que había avistado un campo de hielo. Trataron de avisar al Titanic de nuevo de que estaban parados pero el telegrafista del Titanic le cortó antes de que pudiera pasarle el aviso porque estaba ocupado con comunicaciones personales de los pasajeros. A las 11:30 el telegrafista del Californian terminó su turno y se fue a dormir. A esa misma hora dos oficiales del Californian intentaron hacer señales con una lámpara de morse pero no recibieron respuesta. Diez minutos después se producía la fatídica colisión.

El iceberg con el que colisionó fue localizado por el vigía Frederick Fleet con 600 metros de margen, medio kilometro, que de inmediato avisó al puente iniciando la maniobra de evasión. Sin embargo el timón del Titanic era demasiado pequeño como para permitir un viraje rápido a tanta velocidad y el oficial al mando, Murdoch, al ver que no giraba lo suficientemente rapido, ordenó marcha atrás lo cual fue fatal ya que el timón perdió presión de virada. Si el barco hubiera embestido frontalmente el iceberg tal vez se hubiera salvado. Sin embargo, en el corto viraje, la zona sumergida del iceberg golpeó al Titanic en un lateral a las 11:40pm, por debajo de la línea de flotación, combando hacia adentro cinco de sus compartimentos estancos delanteros de estribor, saltando los remaches e inundándose. En tan solo 10 minutos, el barco se hundió 4 metros por la proa y 5 compartimentos estáncos habían comenzado a llenarse de agua, así como la caldera nº6.

Al principio se pensó que no había riesgo pero tras 20 preciosos minutos perdidos en inspecciones, el diseñador del barco Thomas Andrews pronosticó que el barco se hundiría en unas dos horas ante la sorpresa del capitán. El barco, considerado insumergible, no disponía de botes suficientes para todos su ocupantes; solo había plazas para 1100 personas de las 2300 que integraban el pasaje. Su destino ahora también estaba sellado.

…el capitán crea un escenario de falsa tranquilidad…Las doce ya. El capitán, sabedor de la insuficiencia de botes, ordena actuar con cautela para que no cunda el pánico e insiste tener encendidas a toda costa las calderas 2 y 3, para mantener en funcionamiento la energía eléctrica, con todas las luces del barco encendidas, creando un escenario de falsa tranquilidad. El telegrafista empieza a lanzar SOS, que son recogidos por numerosos buques, el más cercano el Carpatian, a unas 58 millas (casi 100km) pero no por el cercano SS Californian, ya que su telegrafista se había ido a dormir. Tampoco parece que reciban las señales luminosas en morse. Mientras tanto, a las 12:05 el capitán ordena ir preparando los botes. A las 12:15 la banda de música del barco empieza a tocar ragtime en el salón de primera, ayudando a mantener el esceneario de falsa tranquilidad.

A las 12:20, el capitán ordena llenar los botes y pone todo su esmero en salvar a las mujeres y niños de 1ª y 2ª clase, arriando algunas de las embarcaciones a toda prisa y cargadas por debajo de su capacidad. Se llegarían a ocupar solo 750 plazas de las 1100 disponibles. Al parecer, había visto las luces del SS Californian desde el puente y su idea era que los botes remasen rápidamente hasta este buque, desembarcasen a los pasajeros y volviesen a por más.

El primer bote, el nº7, es arriado a las 12:27 con tan solo 12 personas a bordo. A las 2:10 se arrió el último bote. El resto del pasaje tuvo que contemplar como se alejaban los botes y los oficiales que no habían embarcado, se afanaban en fletar los cuatro botes desmontables que quedaban para las casi 1600 personas restantes. El agua llegaba casi ya hasta la cubierta superior. Más o menos a las dos de la mañana cundió el pánico y algunos hombres intentaron asaltar los botes que quedaban siendo disparados por los oficiales.

A las 2:17 la situación es ya muy mala. El capitán es visto por última vez encerrándose en el puente de mando para hundirse con el barco. La banda deja de tocar. En la popa se viven apocalípticas escenas con un sacerdote dando la extrema unción a más de 100 pasajeros congregados de tercera. Muchos pasajeros se lanzan por la borda y algunos intentan alcanzar el bote plegable “A” que había quedado suelto. La chimenea delantera se desploma.

A las 2:18 las luces parpadean y se apagan. El barco está ya tan inclinado que que se parte en dos hundiéndose la proa y quedando solo la popa, que va cogiendo de nuevo la vertical según se va llenando agua, durante unos momentos flota y después se hunde para siempre, dejando a más de mil de personas en el agua helada, cuya temperatura era de entre -2ºC y -4ºC. Casi todas perecerían por hipotermia en media hora.

La sensación de falsa tranquilidad orquestada por el capitán hizo que no cundiera el pánico y que las casi 1600 personas que quedaron sin plaza en los botes, no luchasen por salvar sus vidas hasta prácticamente el final. Las luces del barco seguían encendidas y la orquesta de Wallace Hartley seguía tocando ragtime hasta 3 minutos antes del hundimiento. Tal vez si se hubiese ordenado arrojar al agua cualquier cosa que flotase, o construir balsas, se hubieran salvado más vidas.

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